Por Miguel Farrell
Qué es, y qué no es, un testamento digital
El término mezcla dos cosas, y confundirlas cuesta caro. Una es el testamento hecho de forma digital: redactarlo y otorgarlo con medios electrónicos, el modelo de Farewill (Reino Unido) o Willful (Canadá). La otra es el testamento de tus activos digitales: qué pasa con tus cuentas, tus redes, tus criptos y tus fotos en la nube cuando mueres. Una es el cómo; la otra, el qué. Las dos importan, y en México cada una corre a su propia velocidad, vinculándose directamente con tu herencia digital.
¿Es legal en México?
Directo: un testamento cien por ciento electrónico, hecho en una app y firmado en línea sin notario, hoy no vale en México. La firma electrónica sirve para casi todo, el Código de Comercio la trata casi como la de puño y letra, pero la ley pone una reja justo antes de las escrituras y los testamentos. Ahí manda el notario: formalizarlo implica cubrir los aranceles notariales y costos de un testamento en México, pero es lo único que otorga plena validez jurídica (conoce más sobre las razones para hacer un testamento en México).
Y ahora el dato que casi nadie conoce: la Ciudad de México ya cruzó esa reja. Desde una reforma de 2021, en la capital puedes otorgar tu testamento público abierto de forma digital, por videollamada y en tiempo real, siempre que el notario te vea, te oiga y hable contigo durante todo el acto. Esa misma reforma te deja heredar bienes digitales: correos, dominios, hasta las claves de tus cuentas de banco o de tu fintech, que el notario guarda bajo llave. O sea, el testamento digital ya existe en la CDMX. Pero es digital ante notario, no sin él.
Y esto se está moviendo rápido. En 2026 el tema se prendió: la senadora Olga Sosa propuso en julio crear en el Código Civil Federal un régimen completo de herencia digital, con testamento digital y hasta un "albacea digital" (conoce las funciones y responsabilidades de un albacea), y prohibir que la letra chica de las plataformas les robe la herencia a tus hijos. En la CDMX, otra iniciativa busca meter de lleno criptos, NFT y dominios en las sucesiones. Y desde 2024 duerme en un cajón la propuesta más atrevida de todas, de la entonces diputada Juanita Guerra: un testamento firmado con firma electrónica y anclado a blockchain, con el notario vuelto opcional. Ninguna de las federales se ha aprobado; por ahora, son promesas. Lo único fresco y concreto es de agosto de 2026: el Poder Judicial del Estado de México ya dejó hacer en línea el trámite para saber si alguien dejó testamento. El acto de testar sigue siendo notarial; el entorno, pieza por pieza, se vuelve digital.
Cómo lo resolvieron afuera (y por qué no se copia igual)
- Farewill (Reino Unido): Convirtió el testamento en un cuestionario de quince minutos y firmó más de 250,000. Moraleja con giro: en 2024 se lo tragó Dignity, un gigante funerario, y hoy vende más cremaciones que testamentos. El modelo escala; el negocio es otra historia.
- Willful (Canadá): Unos 400,000 canadienses, veinte minutos, listo. El truco: "en línea" es solo redactar; después toca imprimir y firmar ante dos testigos. Solo Columbia Británica permite el testamento totalmente electrónico.
Y el dato que a nosotros nos pega: en Quebec, civilista como México, ni Willful se salta al notario para el testamento notarial. El mundo anglosajón corre porque su ley deja testar con dos testigos y ya. La nuestra, no: pide notario. No es copiar y pegar; es otro juego.
En México lo digital no reemplaza al notario: lo lleva a quien nunca llegaba.
Dónde está la oportunidad
Si lo digital no puede ser la firma, ¿entonces qué? Lo que de verdad tiene roto al testamento aquí: la distribución. El modelo que sí encaja es híbrido, digital por fuera y notarial por dentro: decides e inventarías en línea, incluidos tus bienes digitales, y formalizas con un notario, en persona o, en la CDMX, por videollamada. Así se ataca ese 4.7% de penetración sin pedirle a cada quien que resuelva solo el trámite que más miedo le da.
Conclusión: un puente, no un botón
El testamento digital en México no es un botón que firmas desde la cama. Es un puente entre la comodidad de lo digital y la certeza del notario, y ya se está tendiendo, con la CDMX cruzando primero. Quien entienda que aquí la tecnología no viene a matar al notario, sino a llevarle a quien nunca llegó, no estará esperando a que cambie la ley. Estará listo cuando cambie.
La pregunta no es si algún día testaremos desde el teléfono. Es quién estará preparado, ese día, para que tu voluntad y tu vida digital no se queden a oscuras. (Para empezar a ordenar tu previsión hoy, revisa nuestro checklist antes de morir).